Jaulas “electrificadas” y una nueva era. Conejo Loco World presenta “Electricity”, se prepara para revolucionar los clubes de Europa
Cuando Conejo Loco World irrumpió en la escena nacional allá por 2018, pocos podían predecir que aquella propuesta iba a mutar hasta convertirse en uno de los fenómenos de culto del hard techno peninsular. Durante cinco años, la marca sembró su territorio evento tras evento, pero fue en 2023 cuando dio el verdadero golpe en la mesa: un giro radical hacia el industrial y el techno más áspero.
Un año después llegó “Enjaulados”. Aquella no fue una temática al uso. El público no solo observaba: entraba en jaulas, bailaba dentro de ellas, se encerraba simbólicamente con otros cuerpos sudorosos mientras el DJ, ubicado en una cabina 360º en el epicentro de la pista. La línea entre espectador y artista comenzaba a desdibujarse.
Lo que vino después fue una progresión imparable. Doce shows en cuatro países durante 2025, más de treinta mil almas entregadas y setenta artistas desfilando por esas estructuras. Pero la jaula, para Conejo Loco World, nunca fue un punto de llegada. Era un laboratorio. Y ahora, en 2026, el laboratorio ha hecho cortocircuito.
‘Electricity de Conejo Loco World’ no es una actualización. Es una reinvención total del ecosistema inmersivo. Las jaulas ya no son contenedores pasivos; ahora son nodos activos dentro de una red luminosa. Cables iluminados que serpentean por el suelo, techos que laten al compás del kick, estructuras que se encienden y se apagan como si estuvieran vivas. Todo conectado. Todo sincronizado en tiempo real con lo que sucede en la cabina. No es decorado: es una instalación industrial-futurista que convierte cada warehouse, cada club, en un organismo único.
Quien haya seguido la evolución de la escena europea sabe que la saturación de láseres y pantallas LED ha terminado por anestesiar la mirada. Frente a eso, la propuesta bajo el título de Electricity apuesta por la síntesis: luz integrada en la materia, espacio convertido en interfaz. No se trata de mirar el espectáculo, sino de estar dentro de él. Y esa vocación de borrar fronteras es, precisamente, lo que está llamando la atención de programadores más allá de nuestras fronteras.
Porque el salto de 2026 no es solo estético: es logístico y territorial. La gira europea que ahora se despliega abarca más de treinta fechas y catorce países, con incursiones en formatos de gran capacidad que la marca había explorado solo de manera muy medida hasta ahora. Habrá warehouses a lo grande, habrá takeovers junto a sellos internacionales y, según filtraciones que circulan en los círculos adecuados, los primeros festivales de autoría propia comenzarán a tomar forma de cara a 2027.
Las redes de la marca llevan días filtrando imágenes, vídeos hipnóticos, destellos. La maquinaria del hype está engrasada, pero lo que realmente sostiene esta nueva etapa es una certeza: cuando la música y la arquitectura se funden, cuando la jaula deja de ser límite para convertirse en conductor, la fiesta ya no es solo un evento. Es un territorio.

